domingo, 26 de febrero de 2012

La Cogo, Singularidades de una Góndola local


En Angol le llamaban la cogo, por no decir: “la cogotera”, porque citarla por el sobrenombre completo era muy denigrante, por eso el apócope; pero aunque se diga lo contrario, los angolinos apreciaban y querían como propio ese armatoste conformado por fierros, vidrios y ruedas que a diario recorría las calles de la ciudad y a la que los más conservadores conocían también como la góndola del pueblo.
E
Fotos: http://www.facebook.com/groups/historiadeangol
Lo cierto es que la cogo tenía su personalidad, habiendo logrado penetrar con su presencia, el sutil sentido de la identidad en cada uno de sus habitantes. A pesar de eso muchos la miraban con indiferencia, otros jamás la tomaban, porque ir de Rancagua o Colima al centro quedaba cerquita, pues en aquellos años de los 50 a los 70, era un sacrilegio gastar dinero en locomoción local.
¿Porqué le pusieron La Cogotera?, muchos creen que era porque pasaba por los barrios populares de la ciudad, pero en realidad el nombre nació de su singular aspecto de góndola santiaguina venida a menos, quizás el viaje desde la capital a La Frontera convirtió en gris los vivos colores que la vieron correr de Providencia a San Pablo o de Las Condes a Las Rejas y ese color gris de sus latas a punto de enmohecer, con asientos desvencijados y ventanales estrechos la hizo única en su género, porque no había otra que pudiera recorrer las calles angolinas entre la fina lluvia invernal y el calor sofocante del verano; ninguna podía llevar tantos pasajeros cuando funcionaba la SAMA o había partidos importantes, porque en casos como esos, los angolinos se acordaban de su presencia e irrumpían en desbande en su interior.
Y qué decir del chofer, un tipo alto, de rostro nervudo, pelo liso, lustroso, peinado a la gomina, de un color indefinible, tal vez como el de La Cogo; de bigote grande, casi a la mexicana, pero sin puntas, solía usar unas chaquetas amplias, largas, cruzadas, sin abotonar, lo que le daba el aspecto de un digno representante de la mejor película de Frankestein. Su tranquilidad al volante era proverbial; conversaba poco y el acelerador nunca fue su amigo. Sentado en su butaca era el rey, allí mandaba como un gran señor y aunque alguien lo pidiera, nunca aceleró el ritmo de la máquina más de lo necesario. Hoy en día muchos turistas dirían que ese hubiera sido un muy buen tour por la ciudad.
La Cogo nunca dejaba de circular, aunque su andar era lento y vacilante, subía sin problemas hasta lo alto de la calle Colima, allá donde terminaba el pueblo, por la calle Lientur, donde campeaban las carretas chanchas con sus overos colorados, estacionadas frente al restaurant Nahuelbuta y donde so pretexto de revisar la carga, los carreteros aprovechaban de echarse unos tragos al gaznate para sacar el polvo del camino; era su parada obligada antes de bajar por el barrio El Cañón, voceando su mercancía, generalmente de leña o carbón.
Allí también tenía el término de su recorrido la susodicha y entre el rumiar de los novillos y los gritos de los cerrucos, el chofer lograba girar su máquina para dejarla mirando hacia el bajo y allí la echaba a correr despacito para no perder la costumbre.
El viaje de regreso hacia el centro y sur de la ciudad tenía otros atractivos, casi culturales. A su vera se encontraba con el Liceo de hombres, al otro lado del puente con la Escuela Normal y pasados Los Rieles se desviaba por Chacabuco hasta Soto Salas, retornando luego  por Rancagua, para tomar la pista hasta el Vergel, en cuyas puertas tenía el final de su recorrido. Generalmente los viajantes estaban constituidos por parejas que iban a pololear al parque y que luego iban a cultivarse un poco al Museo. Allí don Dillman en persona solía atender a los visitantes, explicándoles su controvertido descubrimiento de las urnas funerarias del pueblo Fokqueche, el porqué de la madera petrificada y el misterio de las piedras horadadas. De paso ofrecía algunos de sus folletos a un bajo precio, los mismos que hoy son buscados por la calidad de sus investigaciones.
La Cogo en un paseo familiar al Rio La Arcadia
¿Qué le pasó a la Cogo? ¿Por qué no se vio más por las calles angolinas? preguntas no tan difíciles de responder. A la verdadera Cogo, se la tragó el progreso, ese prurito exagerado de terminar con las cosas viejas, el crecimiento de la ciudad, la revisión técnica, el mejoramiento del parque vehicular, el cambio del sistema de vida de los angolinos y un sinfín de otras respuestas, todas ellas plenamente respaldadas, sirven para poner término a estas dos interrogantes.
Lo cierto es que la Cogo, ya no volverá jamás pero su nombre y su estampa se ubicarán siempre en las retinas y el pensamiento de quienes tuvimos el privilegio de verla rodar por las viejas calles angolinas, de viajar en sus corroídos asientos y de habernos dado la alegría de llevarnos en alguna oportunidad hasta el populoso barrio El Cañón, o hasta las puertas del hermoso fundo El Vergel.

Historia del Molino «San Pablo» de Curacautín


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El molino de primera categoría «San Pablo» —hoy molino «Pablo Ruedi»—, en Curacautín, tiene su origen en la sociedad formada en Valparaíso, el 28 de Julio de 1896, por los señores José Nixon y Juan Fowler, sociedad comercial en comandita simple estipulada mediante escritura pública con el fin de establecer y explotar un molino de harina en el pueblo de Curacautín, Departamento de Mariluán. El giro de la sociedad era el correspondiente al rubro de molinería. También trabajarían madera, compra de frutos del país, etc. De los dos socios que forman la sociedad el señor Fowler era socio comanditario y pasivo, siendo el señor Nixon el socio activo y gestor. La razón o firma social es José Nixon y Compañía y sólo la podía usar José Nixon.
El señor Nixon aporta a la sociedad el dominio de una media manzana de terrenos que posee o se obliga a adquirir en Curacautín para instalar en ellos el molino y las dependencias, una turbina, un par de piedras para moler que existen ya depositadas en el mismo pueblo, el uso de las aguas necesarias del canal de su propiedad situado en Curacautín, garantizando que dichas aguas serán en todo tiempo suficiente para impulsar las máquinas y permitir el correcto funcionamiento del molino; aporta asimismo su industria y servicios personales. Nixon realiza todos estos aportes ya que en 1894 había comprado a don Arturo Nogueira el canal sacado del río Negro, los siete sitios cerrados que poseía dicho señor en Curacautín, una turbina con accesorios, piedra de molino y maderas.
El 18 de Abril de 1899 se disolvió la sociedad José Nixon y Compañía y quedó Juan Fowler como único propietario. Ese mismo año, el 29 de Mayo, en Valparaíso se formó mediante escritura pública la sociedad comercial llamada Ruedi y Compañía cuyos socios eran Juan Fowler y Cristian Ruedi, éste último es el socio gestor y activo. El socio comanditario aportó el usufructo del establecimiento y las existencias de créditos del molino y el socio gestor aportó $5.000 en dinero efectivo, la industria y servicios personales.
El 20 de Octubre de 1904 don Pablo Ruedi le otorga un poder amplio en Victoria a su hermano Cristián para la formación de una nueva sociedad. Por ello el 14 de Noviembre de 1904 se disolvió la anterior y se formó una nueva sociedad que agregó a Pablo Ruedi junto a Juan Fowler y Cristian Ruedi, siendo sólo los hermanos Ruedi los socios gestores. Se continúa llamando Ruedi y Compañía. Juan Fowler aportó el dominio del establecimiento con los sitios número 1, 2, 3, 5, 6, 7 y 8 con todo lo edificado y plantado más las maquinarias del establecimiento y el fundo río Blanco.
La sociedad Ruedi y Compañía se liquidó el 02 de Noviembre de 1906. Los señores Ruedi adquieren las dependencias y canal al señor Fowler. En 1921 se terminó de cancelar la deuda a Fowler.
En Victoria el 03 de Diciembre de 1906 don Cristián y Pablo Ruedi expusieron formar una sociedad comercial y colectiva que giraría en Curacautín en los siguientes negocios: explotación de la hacienda y molino Curacautín, elaboración de madera, compra y venta de mercaderías y frutos del país y del extranjero, cualquier otro ramo que entre ambos acuerden exceptuando las especulaciones riesgosas las cuales quedaron absolutamente excluidas de la esfera de los negocios sociales. La razón o firma social será Ruedi Hermanos que podrán usar indistintamente ambos socios como encargados de la administración de la sociedad. El domicilio era en Curacautín.
Las propiedades de esta sociedad eran los sitios 1, 2, 3, 5, 6, 7 y 8 de la manzana 44 con todo lo indicado y plantado, incluso las maquinarias del establecimiento, canal, derechos de agua, etc., el fundo río Blanco formado por diversas hijuelas, pero también eran de la sociedad las cuentas e hipotecas por cobrar de la primera sociedad Ruedi y Compañía , la cual se había disuelto.
El 21 de Enero de 1913 se disolvió Ruedi Hnos. Los socios retiran parte del capital y se mantiene un capital común con una nueva sociedad.
En 1916 Pablo Ruedi le compró sus derechos de la sociedad a Cristian Ruedi, pero legalmente dicha sociedad se disolvió en 1921 y continuó con el giro el señor Pablo Ruedi Branger.
Hasta el año 1925 el molino cuenta sólo con tres pisos, pero luego construyeron 2 pisos más. Esta nueva construcción quedó lista en 1927 incluida maquinaria y turbina nueva.
En 1966, con el fallecimiento de Pablo Ruedi, pasó el molino a la sucesión de Pablo Ruedi cediendo sus derechos la señora Elena Ruedi a su hermana Cristina. Esta última formó una sociedad con su hija Paz Henríquez y lo trabajó hasta el año 2000. Después lo vendió a su actual propietaria, señora María Elena Sola Ruedi, quien lo arrendó a don Emilio Saavedra por un periodo de 10 años.
En el año 2010 se realizan las gestiones para registrarlo como Museo Pablo Ruedi Branger albergando en él al Archivo de Historia de Curacautín (información documental y fotográfica). En esta gestión hay 4 personas involucradas: María Elena Sola Ruedi en su calidad de propietaria del edificio, Pablo Sola Ruedi y Patricia Mora en su calidad de historiadores y propietarios del material histórico documental de la comuna y don Héctor Mariano Alarcón Carrasco , escritor e investigador de historia nacional y local.
El organigrama administrativo es el siguiente:
Propietaria:
María Elena Sola Ruedi
Equipo que dirige todas las actividades del museo:
Patricia Mora (Directora)
Héctor Alarcón (historiador)
Equipo de Apoyo
Pablo Sola Ruedi
El objetivo de este museo es “ la conservación del patrimonio documental y arquitectónico de Curacautín a través del Archivo de Historia Local y el Molino San Pablo y del patrimonio industrial que contemplan sus maquinarias.
Quienes trabajan actualmente en este proyecto cultural son personas dedicadas a la historia local y voluntarias en los temas.

jueves, 9 de febrero de 2012

CAPITAN PASTENE, CAPITAL DE LAS PASTAS EN LA ARAUCANIA



  Héctor Alarcón Carrasco


Don Primo, Rey del Proscciuto
La Trattoría
Definitivo: Quién no conoce Capitán Pastene, no conoce La Araucanía.



Ese pareciera ser el lema que cada semana lleva a una gran cantidad de turistas a nutrirse de las buenas pastas que preparan los descendientes de colonos de este pueblo tan apartado de la carretera central. Un camino difícil, aunque asfaltado, lleva a los viajantes desde Traiguén o Los Sauces hasta Lumaco. Luego, unos pocos kilómetros más adelante se encuentra este pueblo donde flamean airosas las dos tricolores: la italiana con su verde blanco y rojo y la nuestra, la tricolor de la enseña solitaria.

En sus calles se unen nombres de la más pura esencia italiana como Roma y Garibaldi, entrelazadas con las de Pedro Montt, primer Presidente que visitó tempranamente el poblado y la de otros personajes importantes de nuestra vida nacional. Un ruido de máquinas y movimiento de tierras, indican que el pueblo está adquiriendo mayor personalidad. La pavimentación de sus calles se está convirtiendo en una realidad, lo que dará un mejor aspecto a las huellas más que centenarias de algunas de sus vías apartadas del centro.

Los restaurantes de pastas no suman más de cuatro, pero indudablemente la “Trattoría de don Primo” es la que reúne mayor cantidad de comensales. Primo Cortessi fue el iniciador de esta idea de instalar un restaurante al más puro estilo italiano. Aquello aconteció para el centenario del poblado (2004), y como el mismo señala “no pensé que después de esa festividad el restaurante iba a continuar con la cantidad de público que hasta hoy concurre a nuestro local”.

Miles de Jamones
 Como buen descendiente de italianos, Don Primo tiene el don de la palabra y vaya que se expresa. Conoce al dedillo la historia de los primeros inmigrantes y la adorna con singulares expresiones en las que señala con hechos, dichos y gestos cómo los colonos superaron la dureza de la vida que vinieron a encontrar en este rincón de La Araucanía.

A su local han llegado Presidentes, Embajadores, ambientalistas, y una heterogénea cantidad de visitantes, tanto chilenos como extranjeros, quienes no dudan en declararlo el Rey del “Prosciutto fatto in casa” (jamón hecho en casa). Es que al salto de la calle está la bodega de su fábrica de proscciuto, un jamón especial, dice, trabajado en forma artesanal, con cerdos engordados con grano, nada de harinas de pescado ni otros elementos, que resultarían tóxicos para la buena madurez del jamón.

La sala de maduración alberga unos cinco mil jamones en distintas etapas, desde uno a cuatro años y permanece abierta todo el día, nadie cuida la entrada, la puerta está abierta, cualquier persona puede ingresar, para conocer in situ las distintas etapas por las que pasa el jamón. A un lado están los grandes cajones en que se realiza el salado antes de colocarlo a madurar. Dice que desde Italia trajo una receta infalible sobre las cantidades de sal, aunque él está tratando de rebajar el tiempo del jamón dentro de los saladeros para evitar problemas de salud.

Respecto del corte para su consumo, dice que cada torreja debe ser muy delgada, tanto que al tomarla entre dos dedos, la tajada, debe vibrar, debe flamear, al igual que la enseña de nuestros nonos cuando se mece al viento, señala.
Ahumadero
En su Trattoría se preparan una gran cantidad de platos y en el proceso trabajan no sólo los cocineros sino que muchos proveedores, encargados de confeccionar las especiales pastas que a la hora de almuerzo son la delicia de los comensales.

Don Primo es un personaje ocupado, otros negocios reclaman su presencia, al frente de su local queda su esposa, los comensales, aunque es día lunes, ya están copando las mesas y aunque el local es muy sencillo, una cava, fotografías de colonos y algunos personajes especiales, dan un toque familiar a su trattoría.

Ah, olvidaba decirles. Don Primo es un fervoroso adepto de San Genaro y para fidelidades e infidelidades tiene una receta especial. No obstante, para conocerla hay que hablar con él y vaya que es singular. 

Mabel Flores, emprendedora
Por las calles casi desiertas se ven algunos turistas, tomamos rumbo hacia el almacén Rosati, una casa que ha sido restaurada casi al detalle, tal cómo funcionaba en la segunda década del siglo XX . La familia Rosati fue la propietaria de este almacén y el molino, que hasta el día de hoy funciona como molino maquilero. A este lugar acuden los campesinos a moler su trigo para tener harina durante todo el año. Cuatro mil pesos vale la molienda de cien kilos de trigo y la harina se entrega sin aditivos (al contrario de lo que hacen los molinos más grandes), por lo que muchos prefieren moler en este lugar, tal como lo han hecho generaciones desde su instalación en 1916.

El almacén es una suerte de museo, en el que se vende jamón, en su presentación original o envasado y algunas mermeladas producidas en casa. Destacan en el lugar un par de instrumentos de viento que pertenecieron a la Banda del Fascio de los años 20, 30 y una réplica bastante lejana del recordado “Tren Chico”, que corrió entre Saboya y Pastene desde 1913 a 1980 y  el que muchos pasteninos sueñan recuperar para instalarlo en la plaza del pueblo.

La futura cafetería 
 Hay bastante movimiento en el almacén. Mabel Flores, su propietaria nos cuenta con mucho orgullo que al día siguiente inaugura una cafetería ubicada entre el almacén y el molino, lo que fue una antigua bodega y que hoy ha sido completamente refaccionada. Allí se podrá degustar la rica galletería italiana y algunas delicatessen cuyas recetas están desempolvando para que los parroquianos puedan conocer lo mejor de la pastelería traída desde su país por lo antiguos colonos del lugar.

La vieja casa de la familia Rosati, ubicada frente al almacén, también ha sido remodelada completamente y se haya convertida en el hotel “Pietra Santa”, que cuenta con restaurant, piscina y diez piezas para alojamiento.

Almacén y Molino Rosati

Es así como Capitán Pastene está buscando una salida a la falta de oportunidades. Personajes emprendedores buscan encontrar en el turismo una oportunidad de trabajo preservando sus raíces italianas y dando un nuevo empuje a este pueblo que también sueña con ser Comuna, algo todavía lejano, pero que con esfuerzo y paciencia esperan conseguir para acercar cada día más este alejado poblado a las primeras líneas del turismo regional.

 
  
                      
El viejo almacén Rosati
Pergamino molinero

domingo, 5 de febrero de 2012

VILLARRICA SE LLENÓ DE CARRUAJES



Representante de Villarrica


Durante el fin de semana tuvo lugar en el fundo Llau Llau de Villarrica, la 6ª  Competencia Nacional de Enganche, a cuya justa llegaron representantes de varios lugares del país.
Estas competencias son realizadas en carruajes tirados por uno o más caballos, deporte que en los últimos  años ha tenido un gran auge, principalmente por la importación de coches metálicos traídos desde Alemania y Francia.
Teresita Guzmán en su coche

Desde que se iniciaron estas competencias en Lolol, se ha visto una superación permanente de parte de los participantes por la calidad de coches y caballos, además de la preparación especial de jurados y personal encargado de armar las canchas, que son diferentes de acuerdo a la trocha de cada carruaje. En esta oportunidad se contó a demás con un jurado venido especialmente de Suiza, quien se mostró muy complacido por la calidad de la competencia y la organización de este importante evento.
  Como se ha hecho frecuente, cada vez que se realiza esta competencia en Villarrica, los cocheros nuevamente enfilaron rumbo a la ciudad para llenar de tradición y señorío las calles de la ciudad, haciendo gala de una adecuada conducción de sus carruajes que fueron el centro de admiración de turistas y paseantes. En este desfile los cocheros y acompañantes lucieron galas de época para dar una mayor animación a la competencia, presentación que también otorga puntos a los concursantes.
El coche de los niños
El día domingo se efectuó la competencia de “Habilidad”, en que se mide la destreza tanto de caballos como de conductores, la que fue ganada por la conocida joven Teresita Guzmán, de la cochera “Lo Campino”, de la capital.    

martes, 31 de enero de 2012

LINARES AL PASO




Catedral de Linares, postal obligada
Linares, como muchos pueblos de nuestro país tiene un nombre escondido, entre secreto,  y desconocido, un nombre que está ahí, en las actas de fundación, en papeles oficiales, pero que nadie usa, tal vez porque suena a antiguo o porque simplemente no viene con la denominación moderna de la ciudad. Lo cierto es que su nombre verdadero es San Ambrosio de Linares, impuesto en homenaje a uno de los últimos gobernadores del Chile colonial: don Ambrosio O”Higgins.

El "Sal si Puedes", esperando clientes
 Caminar por sus calles es encontrarse con antiguas construcciones de barro y paja que enclaustradas entre alambres y maderos, han resistido el paso del tiempo, hecho que demuestra que pasar del adobe al ladrillo no ha sido tan fácil, aunque la Catedral enseñoree su altiva torre frente a la plaza de armas, todavía hay muchas construcciones que demuestran que la greda fue material insigne de construcción en épocas pasadas. No en vano por allá donde penan las ánimas, entre los cementerios y el “Quita Penas” el callejón de la Greda recuerda a los linarenses que por ahí nació su arquitectura, una arquitectura básica, de agua y barro, pero de la que muchos han sacado partido adhiriéndole un estuco de cemento que a toda costa trata de esconder su humilde pasado.
Independencia es una calle concurrida. Por allí se ingresa a la ciudad y pasada la plaza está el comercio. En este lugar, tempranamente comienzan a verse los primeros huasos con sus chupallas veraniegas, de alas anchas y fino tejido de paja teatina,  para protegerse del sol que cae con gran intensidad sobre los transeúntes.              
A la mejor oferta
Un afiche recuerda a los turistas que deben prepararse para concurrir a la trilla a yegua suelta en Colbún y poco más allá la tienda “La Florida”, expone en plena calle, al paso de los potenciales compradores una manta de huaso de tonos coloridos, que es admirada por quienes usan ese tipo de vestimentas. A pocos pasos un puesto de vereda ofrece las mejores riendas de la región, aperos muy solicitados en un lugar donde todavía el caballo no ha perdido su categoría de animal de silla y de animador de los mejores rodeos.     
Mientras tanto el teatro municipal recibe una millonaria ayuda gubernamental para su habilitación post terremoto, el Club Social, otrora casa de acaudalados,  languidece por falta de apoyo. Murallas en el suelo y la puerta averiada, le indican un árido futuro.

A UN “CLICK” DE CONCEJAL

Siendo ésta una de las principales arterias, no podía faltar a su vera el muestrario de un fotógrafo, antigua profesión, que a pesar de la invasión de cámaras digitales, aún se niega a morir. Sin embargo este fotógrafo es bastante sui géneris. Una foto tamaño gigante indica que se trata del candidato a Concejal por Colbún Mario Ávila Basoalto.

Bernardo Ávila, el "Leo", busca votos con premura

Aunque las elecciones están todavía muy lejos “el crespo” o el “doble de Leo Rey”, dice tener el apoyo total de su partido el Radical para postular a un escaño municipal, por eso, tempranamente ha iniciado su campaña. Ha sido candidato dos veces, pero en ambas le fue mal, aunque está animoso de que este año dará el batatazo. Como buen candidato cree que el Alcalde no tiene iniciativa, que hay que elegir otro; se siente con ganas de trabajar por su pueblo. En su programa se encuentran proyectos de ayuda a la mujer temporera, a las madres solteras, a los adultos mayores, en fin, una serie de necesidades que podría resolver si sale elegido.  
Le deseo suerte, el Leo comienza a atender su clientela y por un momento se olvida de su candidatura, pero el afiche sigue ahí, campeando en su local callejero, esperando que a fines de año esa misma foto pueda ingresar por la puerta ancha a la sala del Concejo de su querido Colbún.  




Camino hasta el término de la calle y allí enfrente me encuentro con la vieja estación ferroviaria, desmejorada, pocos pasajeros, el tren a Santiago arribará en unos minutos. Un guardia me dice que no se pueden sacar fotos al paso del tren. Le pregunto cual es el motivo. Órdenes de Santiago, dice, para salir del paso, porque en nuestro país cuando no se sabe una respuesta, siempre se alude a Santiago, porque nadie se opone a discutirá una disposición de Santiago; eso sí es de los viejos tiempos. Salgo al exterior y desde el paso nivel tomó varias vistas, entre ellas la estación con su viejo caballo de agua, sin uso, por no haber trenes a vapor, pero está allí como para simbolizar un pasado que ya no volverá.   


REACCIONES SOBRE ESTE ARTÍCULO
A poco de haber publicado este artículo, un entrañable amigo me ha hecho llegar vía email algunos recuerdos  de su ciudad natal, que por la calidez de sus conceptos comparto con ustedes:  
     

Simpático su comentario sobre Linares mi ciudad natal, la que como todas ha sufrido los embates del paso de los años, tanto en lo cultural como en lo material.-
En calle Indepencia ya no existe "La Bota Verde", "La Bola de Oro", ni el "La Herradura" y las talabarterias practicamente han desaparecido.-
A la muerte de don "Cucho Cucho González", cerró su farmacia y con seguridad hoy en el cielo, junto a sus amigos, en las tardes siguen disfrutando de esos preparados que él hacía para mejorar todo tipo de dolencias, con los cuales brindaban en la trastienda de la farmacia antes de irse a comer al Club Radical.-
El "Tren Chico" a Colbún, de tanto cruzar el puente de "Los Apestados" se diluyó en el tiempo y de él ya no quedan rastros. Las viejas góndolas a Panimávida, a Los Rabones y a otros lugares aledaños ya no pasan por la avenida Brasil atestadas de gente y con su radiador humeando.-
La alta sociedad ya no se da cita en la estación en las tardes para ver la pasada del "Flecha del Sur" con destino a Santiago, o a depositar cartas en los buzones, asegurando prontitud de despacho.-
En cuanto a la estación misma, hoy languidece y los trenes de pasajeros solo se detienen escasos minutos. Ya no existen los trenes de carga y las maniobras de patio no se justifican. El "Tren Lastrero" fue retirado por inservible y la carbonera fue desmantelada al no tener justificación.-
De su andén desaparecieron las vendedoras de gallinas cocidas y de pan amasado y los puestos de las artesanas del Rari fueron retirados al no ser rentables dado lo corto que se detienen los trenes de pasajeros.-
Hoy nadie se acuerda del "Directo a Puerto Montt", del "Nocturno a Concepción", ni del "Tren de los Curados" y preguntar a que hora pasa "El Rápido" movería a risa.-
La tristemente célebre "Cruzada de la Muerte" bajo la línea del tren, camino al cementerio parroquial, cambió su fachada y con el retiro de las victorias frente a la estación, desapareció también el abrevadero de caballos.-
Si hasta las campanas de la catedral con su romántico y sentimental tañar, que eran un orgullo de la ciudad, fueron silenciadas. Me dicen que por no haber quien se interesara en hacerlas sonar. Hoy las reemplaza una especie de carillón electrónico que no nos recuerda el paso de las horas, ni nos invita a orar como lo incentivaban las antiguas.-
En fin, mis vivencias de una infancia lejana se quedaron olvidades en un ricón polvoriento camino al molino "El Almendro" y al puente del Ancoa.
Sergio Barriga Kreft

lunes, 30 de enero de 2012

Guadalupe del Carmen – Ícono de la música ranchera nacional


Héctor Alarcón Carrasco

Cuando hoy en día estamos inundados de música ranchera impulsada por el llamado movimiento “charro”, que atraviesa todas las barreras culturales de nuestro país, es bueno recordar a una de nuestras primeras mujeres que se congració con el éxito cantando corridos y rancheras del país del norte.
Para saber el porqué este tipo de música logra imponerse con tanta pasión en el cancionero campesino chileno, debemos recordar que allá por 1938 comienzan a llegar películas mexicanas a nuestro país, donde el corrido, el jarabe tapatío y el huapango son interpretaciones fundamentales que se hicieron populares en Chile.
Si bien es cierto, las películas fueron fundamentales para traer a nuestra patria la música mexicana, no debe olvidarse que en febrero de 1940 llega a Chile la más grande embajada cultural del país azteca: 400 personas, a bordo del buque “Durango” de la Armada de México. Desde una soprano hasta boxeadores, policías, marinos, charros, cantantes, jinetes y bailarines, todos con una sola disposición: dar a conocer su arte a los chilenos. Los charros cantan en teatros, radio y los en todos los lugares donde hubo presentaciones como el Estadio Nacional, el estadio militar, la medialuna de la Quinta normal y otros lugares como la cárcel púbica de Santiago.
Sería interesante profundizar en ciertas claves sicológicas, temáticas y rítmicas comunes entre ese género de música popular en medio de la variedad de versiones que existen en toda nuestra América Latina. Esto tal vez explique la fácil permeabilidad y asimilación de ellas entre nuestros paises en circunstancias propicias. Pero ya seria un estudio que desborda los limites de este artículo.
En concreto, éste es históricamente el germen que comienza a incubar la asimilación de la musica ranchera en el ambiente nacional. Es allí, precisamente, donde aparece esta mujer especial que será conocida como “Guadalupe del Carmen”, la pionera que dará el toque nacional a la música de México en nuestro país.
Según el periodista y realizador audiovisual Fabián Llanca: “Guadalupe del Carmen es una de las figuras fundamentales de la música popular chilena de toda la historia, igualable a nombres como Ester Soré (n. 1915) en la interpretación de tonadas, a Margot Loyola (n. 1918) en su trabajo de proyección folclórica y a Violeta Parra (n. 1917) en la composición de música chilena de raíz.”
Esmeralda González Letelier, era el nombre de esta destacada cantante más conocida por su seudónimo artístico de “Guadalupe del Carmen”, quien habia nacido en las cercanías del pueblo de Chanco, en un lugar llamado Quilhuiné, el año 1931. Desde muy niña fue aficionada al canto y a tocar la guitarra, claro que en esos años de su niñez, su repertorio no pasaba más allá de alegres cuecas y tonadas campesinas, con las que alegraba las reuniones familiares y fiestas de su entorno.
Pero como en nuestra patria todo se “cocina” en Santiago, la que más tarde habría de ser la reina del cantar mejicano, emigra a la capital, donde consigue un puesto de vendedora en un céntrico local que quedaba a unos pasos de la legendaria Radio del Pacífico, donde Esmeralda logra destacar en el programa de aficionados que transmitía esa emisora.
Por esos mismos, años procedente de Argentina arriba a la estación Mapocho, el ídolo musical del momento, el mejicano Jorge Negrete, precedido por sus canciones y sus películas provocando un tumulto pocas veces visto por los capitalinos. Dicen que allí estaba también nuestra amiga, recibiendo a su ídolo, que por cierto nunca supo de su presencia en ese lugar.
Allí surge el deseo, la idea, la visión de cantar esa música que llegaba a lo más profundo del pueblo y que hablaba de tradiciones, deseos, amores trágicos, engaños y desengaños, todo ello vertido en ardorosas notas en el pentagrama musical.
Pero eso deberá esperar un tiempo, porque en una de sus actuaciones por la Vega Central, conoce al dúo de los Hermanos Campos, quienes la invitan a participar como la voz femenina del grupo. Así tonadas y cuecas siguen siendo el fuerte de su repertorio, pero pronto pasa a convertirse en “Sandra” la mexicanita y a falta de escenarios, recorre con los hermanos aquellos lugares donde el pueblo se expresaba con afecto, aplausos y donde los sombreros huasos de sus acompañantes recibían el caudal de pesos y chauchas ganados con esfuerzo y dignidad, pero que los rotos entregaban sin miramientos ante el caudal de voz de esta pequeñita que nacía a la vida artística y que se codeaba con ellos brindándoles la arrogancia de su voz en sus mejores canciones.
La vega, el mercado, las estaciones y los trenes de Valparaíso al sur la escucharon con admiración, pero también la escuchaban otros personajes y luego surge el consabido representante que la lleva a radios, boites y quintas de recreo de categoría, pero junto con ello se le busca un nuevo nombre; un nombre que siendo simple pueda unir en uno solo los de ambos países. Así surge “Guadalupe del Carmen”, el primero por la Patrona mexicana y el segundo por la Patrona de Chile. De paso se desliza por ahí en una entrevista –a manera de promoción-, que era nacida en Chihuahua, lo que termina por posesionarla como la nueva revelación del cantar popular chileno.
Sus discos se editaron por miles y tiene el privilegio de haber sido la primera en lograr un disco de oro por la venta de 175 mil copias de su disco “Ofrenda”. Eso, sin contar que en carriles paralelos brillaban Antonio Prieto, Ester Soré –La Negra Linda- y el mismísimo Lucho Gatica.
Sus giras por el interior del país eran todo un acontecimiento. Recuerdo haberla visto en los sesenta en el pequeño pueblo de Negrete, en un teatro muy estrecho, abarrotado de gente que quería conocerla. Allí ella deleitó al público presente con sus mejores canciones y como anécdota de esa actuación, ella, la reina del corrido y la ranchera, la que había conquistado los mejores galardones con sus canciones y se había presentado en los grandes escenarios de la capital y de las grandes ciudades, a falta de camarines, tuvo que hacer todo el trajín de cambiar su ropa de actuación, detrás de las modestas cortinas del escenario. Seguramente no era la primera vez que lo hacía, porque al igual que ella, muchos artistas de esos años, cada vez que salían en gira debían contentarse con lo que había y que en realidad en esos pueblos chicos, había muy poco.
Como en todo artista, viene un declinar en sus presentaciones; se ha casado con Marcial Campos, de cuyo matrimonio nacen tres hijos. Los años de gloria comienzan a quedar atrás, pero su mayor potencial no la abandona: su voz enérgica, cálida, estentórea, no ha perdido su brillo y señorío, por lo que es llamada a integrar el cartel de artistas del emblemático “Festival de la Una”, en Televisión Nacional, que dirigía el no menos conocido animador Enrique Maluenda –“platita poca, pero segura”, según él decía a los artistas-, programa que la revitaliza en el ambiente discográfico nacional.
Se le recuerda por haber hecho populares con su voz inconfundible las canciones: “Cartas Marcadas”, “Juan Charrasqueado” “El Hijo Desobediente”, “Ofrenda”, “Rosa Flor” “Amor de Todas” “Lupita la Pendenciera” y muchas otras canciones, tanto mexicanas, como de autores nacionales, cuyas grabaciones todavía son difundidas por los programas radiales de corte ranchero.
El 5 de junio de 1987, luego de haber actuado en el Circo Timoteo, con el que realizaba una gira, mientras se hallaba en la localidad de Peñablanca, dejó de existir esta gran artista, cuya voz hoy es recordada con veneración por los aficionados a este tipo de música.
Sus restos fueron llevados a la Catedral de Santiago, donde se le hizo una misa, siendo acompañada por mariachis y miles de personas, cuyo cortejo paralizó el tránsito capitalino en horas de la tarde, mientras se le trasladaba a su última morada en el Cementerio Metropolitano, donde miles de ramos de flores, dejados por las más humildes manos, inundaron su tumba.
Ese último homenaje, aunque tardío, dejó de manifiesto la admiración del gran pueblo por la más importante de las cantantes populares de la canción ranchera que haya pasado por nuestro país. Sus discos originales, simplemente no circulan, porque constituyen piezas de gran valor para los coleccionistas. Aún en CD es difícil encontrar su música. Internet ofrece una alternativa para quienes quieren disfrutar de ella, aunque la oferta es bastante limitada.
Para recordar su memoria, desde hace varios años, el pueblo de Chanco organiza un festival que lleva su nombre, donde se escucha su música y se mantiene vivo el recuerdo de su voz. Hasta allí concurren todos los representantes de este género musical a cantar nuevos y viejos temas del cancionero mexicano, como una ofrenda a la voz generosa de esta mujer, que de campesina, saltó a la fama por el imperio de su voz.