Presento a mis lectores mi último libro publicado con el apoyo económico del Consejo Nacional de las Artes y la Cultura Fondo Nacional del Libro y la Lectura
Un blog de temas de Historia de Chile sus símbolos y sus personajes, enlazados por la pequeña historia de hechos acontecidos en nuestro suelo patrio.
domingo, 31 de octubre de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
Sobre “PEHUENCHES Y COLONOS” de Sergio Venegas Aedo
Por: Héctor Alarcón Carrasco
En la Biblioteca Pública de Lonquimay tuvo lugar el lanzamiento del libro “Pehuenches y Colonos” Familias fundadoras de Lonquimay, del profesor de Estado Sergio Venegas Aedo, cuyo trabajo contó con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, área Patrimonio Inmaterial.
Casi un centenar de personas repletó la biblioteca para asistir a este acto cultural, en el que muchos de los presentes habían colaborado con el autor, dando a conocer antecedentes desconocidos de las primeras familias que poblaron el valle de Lonquimay y sus alrededores.
La ceremonia contó con la presencia del Alcalde Guillermo Vásquez, otras autoridades locales y una nutrida delegación del Grupo de Amigos de la Biblioteca de Lautaro, que dirige la señora Sonia Gutiérrez,quien también estuvo presente.
La ceremonia contó con la presencia del Alcalde Guillermo Vásquez, otras autoridades locales y una nutrida delegación del Grupo de Amigos de la Biblioteca de Lautaro, que dirige la señora Sonia Gutiérrez,quien también estuvo presente.
La obra fue presentada por la curadora del Archivo Histórico de Curacautín, profesora de La presentación se desarrolló en un ambiente coloquial y distendido, en el que el autor se permitió nombrar a cada uno de los presentes por sus nombres para agradecer su presencia y colaboración en la entrega de antecedentes familiares.
El libro está centrado específicamente en los años en que se dio vida al valle de lonquimay, primero con la instalación de los Pehuenches en forma definitiva, la llegada del Ejército chileno y la formación de la colonia de Lonquimay que dio vida al pueblo de Villa portales entre1880 y1900 aproximádamente. Para llegar a este resultado Venegas debió realizar una exhaustiva investigación en el Archivo Nacional, Archivo de Araucanía, CONADI, oficinas de Registro Civil de Lautaro, Curacautín Victoria y Lonquimay. También obtuvo interesantes antecedente en Neuquén, Argentina y en la universidad de la Frontera , en Temuco.
Entrevistado por nuestro medio, el autor se mostró plenamente satisfecho por los resultados obtenidos en su investigación, lo que lo compromete aún más con la tierra fronteriza que lo acogió hace ya varios años, expresando en parte de la entrevista:
“siento una gran satisfacción al haber podido aportar con un texto que contiene muchos antecedentes desconocidos hasta ahora, sobre la historia de Lonquimay. Me queda el agrado de haber realizado este trabajo histórico para conocimiento de la comunidad y para que sirva de estudio y motivación para otros que vengan después y puedan encontrar nuevas rutas de investigación sobre un tema tan interesante como es la búsqueda de documentos e información de nuestra historia local”.
No cabe duda que esta obra será de mucho interés para historiadores y estudiosos de la historia de la Araucanía , ya que con estos antecedentes, entre otras cosas, se podrá precisar la cantidad de habitantes durante los primeros años del poblado, hecho que durante mucho tiempo ha sido puesto en duda por algunos estudiosos del tema.
miércoles, 17 de marzo de 2010
La Mediagua, Estigma de pobreza
Por fin un alcalde puso el dedo en la llaga. Mauricio Alarcón, Alcalde de Llico nos obliga a pensar que hay que incorporar nuevos conceptos de construcción para los más necesitados, especialmente en casos de catástrofes. En muchas oportunidades las viviendas llamadas transitorias han pasado a ser viviendas definitivas para muchas personas luego de terremotos, inundaciones o catástrofes.
Cuando estamos a doscientos años de los albores de nuestra Independencia Nacional y ya nos hemos empinado diez del siglo XXI, y cuando el Gobierno recién pasado presumía de la famosa "Billetera Fiscal" y de nuestro pronto ingreso a la elite de los países desarrollados, vemos que en materia de construcciones económicas, no hemos avanzado ni un ápice desde el terremoto del año 60.
Uno de los actores principales de esta situación, es el Hogar de Cristo, institución que desde hace muchos años se ha dedicado a la fabricación masiva de las llamadas “mediaguas”, proyectos de vivienda barata sin vidrios en las ventanas, sin forros, todo madera de regular calidad, sin que se hayan preocupado de mejorar el producto que sale día a día de sus grandes barracas en la capital; construcciones que a la postre vienen a ser un estigma para los pobres de nuestro país.
Y para continuar su feble sistema de construcción, se creó hace varios años "Un techo para Chile", de cuya loable labor no podemos dejar de lado la que cumplen los voluntarios, quienes no han podido, o no han tenido la capacidad de dimensionar el resultado final de sus desvelos. Siempre dije que esta institución debiera llamarse "UNA CALLAMPA PARA CHILE", porque finalmente estas construcciones apuntan a eso.
Seguramente este gran terremoto que ha asolado la zona central de nuestro país, nos dejará una serie de lecciones; se revisarán los sistemas de construcción en altura, se harán construcciones más asísmicas y se mejorarán una serie de medidas para aminorar todo lo que hoy día falló en los sistemas de construcción; pero creo que no se debe olvidar que cuando una de éstas catástrofes acontece, hay muchas personas que quedan sin techo y que ese techo que muchas veces permite pasar varios inviernos, debe ser mejorado.
No debe ser sólo la madera, deben haber otros componentes modernos que permitan construir una mediagua de emergencia, de mejor calidad que la que hoy día conocemos y en cuyo planteamiento deben trabajar universidades y Gobierno, para garantizar como resultado una vivienda digna de cualquier familia de nuestro país.
Finalmente, debo decir desde esta página: No a los campamentos de viviendas transitorias, que pasan a ser definitivas: sin forros, sin ventanas ni vidrios, de mala calidad y que sólo ayudan a mantener el status de pobreza de muchas familias, que luchan día a día por superarla.
viernes, 8 de enero de 2010
¡Curalaba!
Martes 5de enero de 2010
En Lumaco la UC de Temuco inaugura el segundo Ícono, de un total de cuatro que simbolizan diversos aspectos del devenir del pueblo Mapuche.
La historia recuerda que luego del Combate de Curalaba, acontecido con las primeras luces del día 23 de diciembre de 1598, en las riberas del río Lumaco, acción que concluyó con la muerte del Gobernador Martín García Óñez de Loyola y una guardia de 50 soldados; los españoles abandonaron las tierras de Arauco y despoblaron todos los fuertes al sur de Bío-Bío.
Es que la derrota inflingida por las huestes de los épicos guerreros Pelantaru y el fiero Anganamón fue un revés inesperado para los representantes del mejor ejército del mundo por aquellos años. Un ejército que dominaba gran parte de América y que de pronto se veía sobrepasado por un pueblo armado precariamente, pero que en cambio sabía utilizar la astucia y la inteligencia como la mejor de las estrategias.
Estos fueron los hechos que se recordaron en Lumaco, en un día semi encapotado, donde un grupo de representantes de diversas comunidades mapuches tuvieron la oportunidad de participar de la inauguración de la estatua ecuestre que recordará a todos los ciudadanos que hubo un pueblo aguerrido y luchador que en siglos pasados sintió la necesidad de dignificar su presencia en estas tierras donde radicaba desde tiempos seculares, por lo que se alzó contra el español que venía a colonizar sus territorios y a imponer nuevas ideas y costumbres.
La ceremonia tuvo lugar en una plazuela ubicada en la calle principal y se inició con una rogativa mapuche, en la que participaron cinco machis y miembros de diversas comunidades del sector.
Por la Universidad Católica de Temuco hablo el historiador José Manuel Zavala, quien se refirió a los hechos históricos que rodearon la Batalla o Desastre de Curalaba, como se le ha llamado indistintamente y al proceso de investigación y construcción del monumento.
Luego hicieron uso de la palabra, entre otros, el representante de CONADI Juan Ñanculef y el lonco Pedro Segundo Caniupan, quien se dirigió en mapudungún a los presentes, en un extenso discurso sobre los hechos vinculados a la Batalla de Curalaba.
En un momento de la ceremonia, el Alcalde Manuel Painequeo, acompañado de las autoridades presentes descubrió el ícono, que quedó expuesto en la plazuela, para deleite del público presente en la ceremonia.
¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!
Tal es la definición que sustenta el poeta peruano José Santos Chocano (1875-1934) en su conocido poema “Los caballos de los Conquistadores” y si bien los caballos eran realmente fuertes y ágiles, ello no quiere decir que fueran grandes y altos, lo cierto es que los caballos de esa época eran descendientes de las jacas traídas por los españoles, caballos de baja alzada y como tal, jinete y caballo del monumento, no exceden del tamaño real de un jinete en un caballo chileno.
En este caso, se ha simbolizado al cacique Pelantaru como el jinete que lanza en ristre avanza contra la hueste enemiga, en una noche veraniega llena de despliegue bélico y de trágicos resultados para los soldados del reino de España. Allí sobre su caballo avanza, sin bridas y sin estribos, el cuerpo semidesnudo, la mirada penetrante, fiera y decidida, buscando el ocaso del enemigo, tal era la consigna de los guerreros mapuches.
A Francisco Elgueta Jara, artesano y tallador de Cañete, correspondió llevar a feliz término la idea plasmada por los profesionales de
El jinete, por su diseño especial, lo talló en madera de ciprés.
Reconoce que nunca había hecho una representación tan grande, por lo que desde el principio, este trabajo fue un desafío a su ingenio como tallador.
Luego de concluida la ceremonia, tuvimos oportunidad de dialogar con Mario Samaniego
Director de la Escuela de Artes de la UC de Temuco y jefe del proyecto, quien recordó que si bien estos grupos escultóricos tienen poco de protocolares, tienen en sí, un sentido intrínseco, situación que los hace merecedores de un reconocimiento por parte del espectador. Agregó que observa con beneplácito como estas obras sencillas en su estructura, se abren camino con nuevos impulsos, generando una especie de energía, cual simiente básica, que tiene que ver con el objetivo estructurado en la Universidad cuando se lanzó la idea de instalar estos íconos.
Si bien es cierto, son pocos los aspectos que se han tocado en esta oportunidad, ellos básicamente acuden al rescate de la memoria histórica plasmada en cada representación.
Consultado sobre su punto de vista como español, en este caso específico, agregó que durante todo el desarrollo del proyecto ha sido muy bien tratado, siempre se ha sentido bien acogido, lo que le da mucha satisfacción, ya que durante toda su vida académica se ha dedicado al tema de la interculturalidad, buscando siempre que todas las personas puedan tener una mejor convivencia dentro de su grupo social. Además esta situación genera un aprendizaje muy importante, por lo que la satisfacción de haber cumplido con la entrega de este segundo ícono, que es la mitad del proyecto total, lo deja muy contento.
Agregó que a fines de mes piensan inaugurar el tercer ícono en Negrete, en homenaje a los parlamentos realizados en los llanos, al otro lado del Bío-Bío.
Por su parte el historiador José Manuel Zavala manifestó la necesidad de una mayor difusión de lo que es la historia de este acontecimiento, ya que ello permitiría generar una mayor identidad por parte de los integrantes del pueblo mapuche y específicamente de este sector.
(Fotos: Tito Alarcón Pradena)
(Fotos: Tito Alarcón Pradena)
domingo, 15 de noviembre de 2009
ESPÍAS
Nuevamente un caso de espías enturbia las relaciones entre Perú y Chile. Lo cierto es que no es la primera vez que esto sucede. Ha sucedido, acontece y seguirá siendo motivo de distensiones, por los alcances de carácter militar que conlleva nuestra situación de países limítrofes y de haberse enfrentado en una guerra hace ya mucho más de un siglo.
Según noticias de la prensa peruana, se dice que las autoridades militares tendrían detenido y confeso al suboficial de la Fuerza Aérea del Perú Víctor Ariza Mendoza, a quien se responsabiliza de efectuar espionaje en beneficio de nuestro país.
Sólo quiero referirme a las generalidades de los espías, señores desconocidos, que todo lo investigan y por supuesto –generalmente- en un país ajeno y a veces, como en este caso, en el propio para vender antecedentes a algún país interesado en adquirir información que él no posee.
Generalmente el espía es un agregado a la Embajada. Funcionario “de rango menor”, se les denomina. En oportunidades son integrantes de misiones comerciales, miembros de tripulaciones marítimas, aéreas o simples estudiosos de la cultura de un país determinado.
Al espía se le cataloga como un tipo frío, callado, reservado, acucioso, tenebroso, vistiendo siempre sombrero calado al ojo e impermeable largo, en cuyo interior se pueden encontrar los más disímiles artilugios; desde un arma hasta el más selecto juego de ganzúas que permitirán abrir hasta la puerta del cementerio, por decir lo menos.
Nada más alejado de la realidad. El espía moderno no carga armas, no es callado ni usa impermeable oscuro; al contrario, el espía moderno viste un terno igual al de cualquier oficinista, llevará un portafolios con papeles insignificantes y de su hombro podrá colgar, a veces, una máquina fotográfica que nunca usará en aquellos lugares donde un letrero a prueba de espías dice “No tomar fotografías”, total para eso están los satélites espías, más callados y silenciosos que el hombre dedicado a estas labores. Tendrá eso sí una buena disposición para conversar lo estrictamente necesario y tal vez, hacer alguna broma simpática. Debe poseer una buena memoria y si sabe leer los labios a la distancia será un espía completo.
CANARIS
Aunque usted no lo crea, por Chile han circulado muchos espías. Y de nota. Algunos de ellos han pasado desapercibidos. De otros se han conocido sus andanzas muchos años después, cuando ya el hecho había perdido notoriedad, aunque sus ribetes fueran dignos de figurar en la “petit historie”.
Algo así sucedió con el teniente alemán Wilhelm Canaris, quien ya en 1907 recorría América del Sur a bordo del Bremen, barco de guerra en crucero de instrucción y luego con motivo de
Existen informes de la inteligencia norteamericana que aseguran que durante la Segunda Guerra , nuestro país se vio invadido por agentes japoneses, alemanes y norteamericanos. Además se detuvo a una cantidad de personas que mantenían comunicaciones con la inteligencia alemana mediante una emisora de radio clandestina ubicada en Quilpue, la que en su época fuera conocida como “PYL “.
CICERON
Otros espías han tenido mejor suerte ¿o peor? Elyesa Bazna, más conocido en el mundo del espionaje como “Cicerón”, quien actuando como ayuda de cámara del embajador inglés en Turquía en plena Segunda Guerra, tuvo una actuación preponderante en el mundo del espionaje.
Su singular labor le permitía asistir directamente al embajador como hombre de plena confianza y practicar su hobby favorito: la fotografía. Aprovechando que su amo consumía fuertes somníferos para dormir y acostumbraba a tomar largos baños de tina, el aficionado a espía comenzó a fotografiar todos los documentos que el embajador llevaba en su valija oficial.
La importancia de los documentos microfilmados era tal, que cuando Cicerón logró venderlos a los alemanes, éstos sencillamente no le creyeron, pensando que se trataba de una trampa de los ingleses. Resumiendo: le pagaron con dinero falso y Alemania se perdió la única posibilidad cierta de haber cambiado el curso de la historia de la Segunda Guerra Mundial.
DREYFUS
Las guerras mundiales dieron curso a innumerables actos de espionaje en los cuales la astucia para vencer la censura originó la creación de sofisticados sistemas con el fin de engañar los controles a que se sometía la correspondencia.
Así surgió el uso de las tintas simpáticas para la escritura invisible, el envío de cartas comerciales con vocabulario convenido de antemano, las transmisiones radiales cifradas, los micropuntos, conocidos como “las motitas”, sistema por el cual se enviaban fotografías reducidas unas doscientas veces y que se adherían en las cartas simulando un punto de la escritura a máquina.
Hubo espías que cobraron fama y fortuna, algunos, claro está. Otros sólo consiguieron una fama efímera que los llevó a enfrentar el pelotón de fusilamiento, como es el caso de la famosa Mata-Hari, exótica bailarina que fue ejecutada en París, acusada de espiar a favor de los alemanes.
Pero uno de los más bullados casos de espionaje aconteció en Francia cuando en 1894 el Capitán Alfred Dreyfus, fue acusado de entregar información a un agente extranjero sobre los secretos del manual de tiro de campaña. Luego de haber sido degradado y deportado, al cabo de algunos años de proceso que conmocionaron a Francia, se logró probar que Dreyfus jamás había realizado tal acto y al contrario, su acusador era quien había efectuado el espionaje. Intervino en el proceso el escritor Emilio Zola, quien defendió a Dreyfus con su célebre Yo Acuso, maciza pieza de oratoria que en su tiempo fue publicada en los más grandes periódicos del mundo.
ECHELON
Cuando la ciencia ha dado un salto importante con la creación y difusión de Internet a nivel mundial, uniendo a millones de cibernautas ansiosos de utilizar sus beneficios también han surgido los medios para conocer la información de correos, Chat y conversaciones telefónicas.
Aduciendo normas de seguridad, EE.UU. mantiene activa la Red de Espionaje más grande del mundo, conocida como ECHELON. Sus detractores afirman que puede procesar automáticamente (mediante el uso de computadores con programas especiales), más de tres millones de correos por minuto, datos que llegan a la NATIONAL SEGURITY AGENCY (NSA), donde es clasificada, decodificada y transferida a los niveles correspondientes cuando se descubre información de importancia. Para su desempeño la Agencia cuenta con alrededor de cuarenta mi l personas, que trabajan en las diversas áreas y países desde los cuales fluye la información, siendo apoyada, además, por unos 120 satélites espías, que entregan una visión del planeta en tiempo real.
EL ESPIA COMÚN
Hoy en día pareciera ser que el espionaje de Estado ha pasado a segundo plano. Sin embargo, ha surgido un espía más penetrante, de ojo más avizor, sin ningún tipo de armas, pero con bastantes conocimientos de informática. Es el espía computacional, el hombre que es capaz de copiar una base de datos en segundos, sin dejar rastros y venderla por una cantidad considerable a una empresa de la competencia.
Y qué decir del espionaje industrial, en pequeña y a gran escala. Es cosa de observar en grandes ferias a los más diversos tipos de extranjeros y connacionales fotografiando cuanta máquina se coloca frente al lente, con el único fin de copiar determinados productos y su tecnología.
Finalmente. ¿Sólo otros nos espían? O también nosotros ¿Somos Espías?
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Bibliografía:
- Baton, Paul y otros, Los grandes enigmas de la Guerra Secreta , Ed.Mateu-cromo,Madrid, 1970
- Petit,Pastor, Historia del Espionaje, Ed. Delos, Barcelona 1967.
- Greene, Graham, El libro de cabecera del espía, Ed. Sur, Bs. Aires. 1969.
- Seth, Ronald, servidores Secretos, Imp. Saturno, Barcelona, 1960
- El Mundo de la Historia , serie Grandes Espías,Ed. Lord Cochranes, Santiago.
- Archivos Secretos del FBI sobre Chile, 7 fascículos Revista “Que Pasa”.Santiago,
- Echelón es una red de espionaje mundial, Camilo Taufic, Diario Metro, 26 enero 2000.
martes, 27 de octubre de 2009
Icono Mapuche recuerda las Paces de Quilín
Sábado 10 de octubre de 2009
Junto al río Quillem fue inaugurado Icono recordatorio del parlamento que marcó una etapa trascendental en las relaciones de España con el pueblo Mapuche.
Al interior de la Comunidad Tripaiñan, a 5 kilómetros de Lautaro y a pasos de las cadenciosas aguas del río Quillem, tuvo lugar un encuentro de especial significación para el pueblo Mapuche.
Se trataba de la inauguración del primero de cuatro íconos recordatorios que la Escuela de Artes de la Universidad Católica de Temuco, en conjunto con CONADI levantarán en lugares trascendentes para la historia del pueblo Mapuche.
Los otros lugares son Kuralaba, en Lumaco, cerro Marimán, en Negrete y Koz Koz, cerca de Osorno.
El ícono plasmado en madera nativa por los escultores Juana Pérez y Hamilton Lagos, representa una pareja Mapuche: un adulto y un niño. Su elaboración, aparentemente sencilla en su manufactura, pero significativa en su expresión, se basó en la idea de una niña de la familia Tripaiñan; idea que ambos artistas supieron llevar a la madera, con una altura tal que obliga a alzar la vista para apreciar el valor de su expresión. Son cuatro maderos extraídos desde altivos bosques que verticalmente sostenidos, vistos de diversos ángulos pueden dar ideas diferentes de su conformación, es decir, su expresión es parte de la libertad, como lo son los ideales del pueblo mapuche, idea que han planteado sus autores: un máximo de expresión, con un mínimo de intervención en la madera.
El monumento fue ubicado sobre un altar de material, dominando una hermosa planicie bordeada de árboles nativos, a pasos del río, con lugar suficiente para reuniones. El espacio quedó abierto para cualquier visitante y con este fin se ha solicitado su incorporación a las guías de turismo publicadas sobre la región. Además será incorporado a la red de Monumentos Nacionales para su debido catastro.
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Entre los oradores destacaron las intervenciones de Andrés Tripaiñán y Sergio Liempi, quienes consignaron la importancia de las llamadas “Paces de Quilín” para el pueblo Mapuche, que fue el único pueblo de América que habló de igual a igual con los representantes del pueblo español y que en una reunión de tres días logró poner en la mesa una serie de condiciones, entre las que se estableció como frontera norte: el río Bío-Bío y como frontera sur el río Calle-Calle.
Durante el acto se efectuó una rogativa mapuche en la que participaron miembros de las diversas comunidades presentes en la ceremonia. Por su parte el Decano de la Facultad de Artes de la Universidad Católica de Temuco, Mario Samaniego, hizo entrega de la obra, destacando la colaboración de la Comunidad Tripaiñán, CONADI, la Municipalidad de Lautaro y algunas personas que colaboraron en diversas formas al logro de la obra.
El trabajo de investigación fue realizado por el antropólogo y etnohistoriador, José Manuel Zavala; el antropólogo, Rosamel Millamán y el filósofo Mario Samaniego, quienes realizaron una extensa labor de búsqueda de los lugares en que acontecieron estos hechos.
Los académicos reconocieron que la ubicación del Icono de Quillem, no es el lugar exacto donde se efectuó la reunión aquel lejano 6 de enero de 1641, ya que no existen documentos como planos u otros catastros que puedan establecer la certeza del lugar. No obstante de algo hay seguridad: fue a orillas del río Quillem, por lo que se buscó el paisaje más apropiado para establecer el monumento, reuniendo este sector las condiciones necesarias para que las futuras generaciones puedan recordar este acontecimiento histórico de nuestro pueblo Mapuche.
El Copihue Rojo
El Copihue es la flor de una enredadera perteneciente a la familia de las liliáceas que crece en las profundidades de la selva chilena, al interior de los grandes bosques de robles y coigües centenarios, por cuyos troncos se desliza ágil y evasiva, en un intento por esconderse de la mirada humana, de esa mirada que muchas veces busca segar su flor, bulbo rojo sangre, emblema de la lucha del pueblo araucano desde tiempos inmemoriales.
En el copihue se encarnan la belleza pura y divina de los bosques nativos chilenos; el sentimiento de patria y amor a la naturaleza salvaje, que emerge desde la espesura vegetal del paisaje, culminando en esa expresión maravillosa que resulta ser su flor.
En el copihue se encarnan la belleza pura y divina de los bosques nativos chilenos; el sentimiento de patria y amor a la naturaleza salvaje, que emerge desde la espesura vegetal del paisaje, culminando en esa expresión maravillosa que resulta ser su flor.
Si bien es cierto, el copihue es conocido desde el génesis de la raza, esta planta se encuentra incorporada a la flora mundial con el nombre científico de “Lapageria Rosea”, nombre que realmente no puede definir las cualidades de tersura y belleza de nuestra planta nativa, por ser una definición científica y europea, como europeos fueron los que llevaron la planta al Viejo Mundo y le dieron ese nombre para su clasificación universal.
Es sabido que luego del descubrimiento de América, y a través de los siglos, fueron numerosas las expediciones botánicas y científicas que salieron en busca de la flora nativa de nuestro continente, para poder lucirla en los más grandes jardines de Europa.
LA BELLA JOSEFINA
Josefina Tascher de la Pagerie, nació en la Martinica en 1763. Viuda del vizconde de Beauharmais, guillotinado en 1794. Joven y bella, dotada de una gran belleza y una simpatía que le permitía ser una de las figuras femeninas más relevantes del París de la post-revolución.
Dotada de un gran talento, deslumbró de inmediato al gran Napoleón Bonaparte, quien desde los primeros momentos concibió por ella una pasión avasalladora que la joven se encargó de alimentar con su fina coquetería. Napoleón, todavía un militar talentoso, pero sin fortuna, no podía aspirar a materializar una relación que le encendía el alma, pero su perseverancia militar lo elevó rápidamente al cargo de general de los ejércitos de Italia, situación que le permitió formalizar su compromiso con Josefina a principios de marzo de 1796.
Dotada de un gran talento, deslumbró de inmediato al gran Napoleón Bonaparte, quien desde los primeros momentos concibió por ella una pasión avasalladora que la joven se encargó de alimentar con su fina coquetería. Napoleón, todavía un militar talentoso, pero sin fortuna, no podía aspirar a materializar una relación que le encendía el alma, pero su perseverancia militar lo elevó rápidamente al cargo de general de los ejércitos de Italia, situación que le permitió formalizar su compromiso con Josefina a principios de marzo de 1796.
Las victorias de Napoleón lo elevaron al rango de Emperador, pero la falta de un vástago que asegurara la continuidad de la dinastía le obligaron a alejarse de la bella Josefina. El divorcio llenó de pena a la doncella situación que la llevó a vivir una vida alejada de la sociedad, encerrándose en su palacio de Navarra o en la Malmaison, donde se dedicó a las letras, las artes y entregando gran parte de su tiempo al estudio de la botánica y a la formación de la más completa de las colecciones de plantas exóticas y raras. En 1810, el Emperador, que aún mantenía con ella cordiales relaciones, le destinó cien mil francos para los gastos extraordinarios de la Malmaison. En la carta en que le comunicaba esta resolución, le decía “Podrás hacer plantar lo que quieras, y puedes gastar esta cantidad como te convenga”. Por esos años regresaban de América, después de una larga y accidentada expedición científica por tierras de Chile y del Perú, los naturalistas españoles Hipólito Ruiz y José Pavón, quienes al clasificar los ejemplares que habían llevado de nuestro país, dedicaron a Josefina la más hermosa de las plantas que florece en los bosques de Arauco y tomando el apellido de Josefina, dieron al copihue el nombre científico de Lapageria Rosea. Nuestra flor nacional ostenta desde entonces, junto a su sencillo nombre de origen mapuche, un nombre científico que tácitamente le otorga rango y linaje en los viejos imperios europeos y que le permitió asentarse en los grandes jardines de la Malmoison.
EL ORIGEN MAPUCHE
Si bien es cierto, el nombre genérico de copihue es el que ha perdurado en el Chile actual, éste es sólo un derivado de la denominación del pueblo Mapuche.
Para precisar su nombre debemos decir que la planta se divide en la planta propiamente tal (colcopiu), la flor (Kodkëlla) y el fruto comestible: copiu, según el versado Wilhelm de Moesbach, en su Voz de Arauco).
Para el pueblo Mapuche, el copihue es símbolo de alegría, de amistad y gratitud. Resalta como una de las plantas sagradas de los araucanos; los guerreros la veneraban como el emblema del valor y la libertad y los jóvenes como el espíritu tutelar de sus amores. Desde antes de la llegada de los españoles, el copihue ya era utilizado en la ceremonia nupcial como adorno en el banquete, que generalmente se realizaba luego del rapto de la novia y previa reconciliación pactada por el Werquen.
¿Y LOS POETAS ?
Resulta admirable hurgar en la poesía chilena y ver como son muy pocos los poetas que han dedicado alguna producción a nuestra flor nacional. Leyendo “Canciones de Arauco” de Samuel Lillo, un hombre que vivió en Lebu y Concepción, nada dice en verso sobre esta hermosa flor. Diego Duble Urrutia, el poeta angolino, que debió haber conocido mucho del paisaje de Nahuelbuta, sólo en su acertado poema “La Tierra”, le dedica un par de versos:
colgados de los trémulos coligües/ como lirios de sangre, los copigües?
Asombroso por decir lo menos, sin embargo otro poeta de la zona Ignacio Verdugo Cavada, asombró a Chile y al mundo con la versificación de “El Copihue rojo”, poema que nació allá por 1905, en una oportunidad en que el poeta debió viajar a caballo entre Mulchén y Lebu, en cuyo cometido atravesó la selvática cordillera de Nahuelbuta. Más tarde comentaría sobre este viaje:
“Cuando volvimos me di cuenta que había observado muchas cosas interesantes, pero lo que me absorbió los sentidos, los ojos, más que la montaña misma, fue la flor del copihue. En el camino, desde mi cabalgadura, miraba a uno y otro lado, el bosque, el sendero lleno de zarzas, los canelos, los laureles, los robles, pero como un ojo vivo estallaba ante mí la encendida flor de mi tierra...”
Esta fue la inspiración máxima del poeta, que ya de regreso en Mulchén, se encerró en su casa y el poema fluyó como savia creadora y se impregnó en el papel, derramándose luego en diversas publicaciones literarias que lo hicieron vastamente conocido. Más tarde diría Verdugo que parte de su inspiración fue el amor que le profesaba su “ama”, la mapuche Lorenza Borrego, quien lo crió, le enseñó a querer la naturaleza y a conocer la historia de su raza.
Habían nacido así las cuatro décimas de “El Copihue Rojo”, pero esto no termina aquí porque Verdugo recurrió a su amigo el Sargento Arturo Arancibia Uribe, músico del Regimiento Lautaro de Los Angeles, quien se encargó de llevar a la partitura su creación, lo que la encumbró definitivamente a la popularidad. Arancibia no era un principiante en estas lides. Con los años escribió muchas marchas y canciones, que le merecieron distinciones internacionales, siendo además autor de la música del Himno del Carabinero.
Soy una chispa de fuego
que del bosque en los abrojos
abro mis pétalos rojos
en el nocturno sosiego.
Soy la flor que me despliego
junto a las rucas indianas;
la que, al surgir las mañanas,
en mis noches soñolientas
guardo en mis hojas sangrientas
las lágrimas araucanas.
Nací una tarde serena
de un rayo de sol ardiente
que amó la sombra doliente
de la montaña chilena.
Yo ensangrenté la cadena
que el indio despedazó,
la que de llanto cubrió
la nieve cordillerana;
yo soy la sangre araucana
que de dolor floreció.
Según relato del mismo Verdugo, la máxima difusión del poema se originó luego de su publicación en un diario de Valparaíso en 1911 y de habérsele agregado la música de corte lírico que la hiciera tan popular, llegando a ser la canción con que se ubicaba a Chile en el extranjero.
Digna de mencionar también es la obra del escritor Oscar Janó, nacido en la provincia de Cautín, quien por los años ’60 escribió el libro “La leyenda araucana de los Copihues rojos”, obra rica en folklore araucano, como dijo Ricardo Latcham y en la que relata como los copihues rojos nacieron por el sacrificio de los príncipes Copih, de la tribu de los Pehuenches y Hués, de la tribu de los Mapuches. El libro tuvo varias ediciones y se editó en castellano e inglés, logrando una gran difusión.
Pero fue durante el período presidencial de don Juan Luis Sanfuentes que el culto alcalde de Santiago José Victor Besa, le otorgó al poema todo su valor nacional al organizar una fiesta de gran contenido popular en la terraza del histórico cerro Santa Lucía, con asistencia de las principales autoridades. Allí en el cerro sagrado del pueblo Mapuche, se le concedió al copihue la denominación de “Flor Nacional” y al poema de Verdugo Cavada como el mas fiel exponente del significado de la flor para todo el país.
LOS COPIHUES
Pero si hasta aquí hemos hablado sólo del copihue rojo, ello no debe llevarnos a confusión. El copihue es posible encontrarlo en unos 16 colores diferentes, siendo su cultivo muy delicado fuera de su habitat. Su corte y comercialización se encuentra prohibido por ser la flor nacional de Chile (Diario Oficial de 24 de febrero de 1977) y encontrarse actualmente en extinción.
Declara el Copihue Flor Nacional
(Diario Oficial Nº29.693 de 24-II-1977)
Ministerio del Interior.-Santiago, 20 de enero de 1977.- El Presidente de la República decretó hoy lo que sigue:
Nº 62.- Vistos Lo dispuesto en los decretos leyes Nº 1 y 128, de 1973, y 527 de 1974, y
Considerando:
2.- La necesidad y conveniencia de que nuestro país oficialice tal tradición y constituya esta flor en una expresión más de nuestra unidad nacional. Decreto:
1.- Declárase al copihue "Lapageria Rosea", flor nacional de Chile.
Anótese, tómese razón, transcríbase al Ministerio de Agricultura y publíquese en el Diario Oficial .- (Fdo.)Augusto Pinochet Ugarte, Presidente de la República.- Raúl Benavides Escobar Ministro del Interior.- Mario Mac-Kay Jaraquemada, Ministro de Agricultura.
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RECADO SOBRE EL COPIHUE
GABRIELA MISTRAL

La trepadora clasificada con el nombre galolatino de Lapagiere Rosea es primero la sorpresa, luego el deleite de exploradores y turistas que alcancen los bosques del sur de Chile.
Los geógrafos llaman Trópico Frío a la región y, aunque el mote sea contradictorio, corresponde a esas verdades que llevan cara de absurdo: la australidad chilena es húmeda y helada; pero se parece al trópico en la vegetación viciosa y en el vaho de vapor y de aroma. Por eso no hay viajero que alcance a Chile y se quede sin conocer nuestra selva austral, y ninguno tampoco deja la región sin conocer el copihue araucano, hasta dar con él.
Los textos escolares azoran a los niños con este dato: el copihue, indigenísimo, se relaciona, por el nombre con... la emperatriz Josefina Bonaparte. Yo me escadalizo de ello, tanto como los niños, pero son los sabios quienes bautizan: el Adán científico no nace todavía en la gente criolla, y fue un francés quien bautizo a nuestra flor sin mirar a su piel india... Menos mal que Josefina fue una francesa criolla de Martinica... Quédese en los textos escolares el apellido latino; dentro de Chile no se llamará nunca sino copihue, mejor con la h que con la g que algunos le dan. (la h aspirada, bien querida del quichua-aymara, es más aérea que la gruesa g; parece el resuello de la cosa nombrada; la acaricia y no la daña). La flor del copihue sube en tramos bruscos de color, desde el blanco búdico hasta el carmín. Las flores rojas llaman a rebato; las rosadas no alcanzan al sonrojo, y las blancas penden de la rama en manitos infantiles. La popularidad se la arrebata el primero en un triunfo que parece electoral; pero yo me quedo con el vencido, es decir, con el copihue blanco y su pura estrella vegetal. La preferencia torera del rojo es la misma que gana el clavel reventón y la rosa sanguinolienta. La Campánula estrecha, más tubo que campana, mima el tacto con una grosura que es la misma de la camelia. El largo suspiro del copihue no se exhala del aire, cae hacia los follajes o hacia la tierra; en vez de erguirse, el se dobla con no sé que dejadez india, a causa del pecíolo delgadísimo. La lacidad del copihue parece líquida; la enredadera gotea o lagrimea su flor.
Más perseguida que el huemul, la enredadera ya no se haya en la selva inmediata a los poblados ni a las rutas. El buscador tiene que seguirla por los entreveros, pero la encuentra con más seguridad que el dudoso cervatillo chileno.
Echada sobre el flanco del laurel; a veces gallardeando desde la copa y cubriéndola, hallará a la muy femenina, cuyo humor es de esquivarse y aparecer de pronto. A grandes manchas o en festones colgantes, o en reguero de brasas, el
copihue estalla sobre los follajes sombríos y para el buscador con sus fogonazos, que suben por las copas corriendo en guerrillada india.
La trepadora rompe la austeridad enfurruñada del bosque austral; lo desentume y casi lo hecha a hablar. El acróbata de los robles y el bailarín de las pataguas, hostiga a sus árboles-ayos, con el torzal de cohetes ardiendo. Menos violentas que las guacamayas, pero en bandas como ellas, las colgaduras del copihue alborotan y chillan sobre la espalda de los matusalenes vegetales.
Me conmueve la metáfora popular que hace de nuestra flor la sangre de los indios alanceados; pero yo no quiero repetirla para no mentirme. El copihue no me recuerda la sangre sino el fuego, el cintarajo del fuego libre y la llama casera: el fuego fatuo y el diurno; el bueno y el malo; el fuego de todos los mitos.
La enredadera tábano, picando la selva, hace trampas como todos los espíritus ígneos: es el duende escapado por los follajes, es el trasgo burlador y también la salamandra ardiendo. ¡Qué santones impávidos resultan los arbolotes mordidos aquí y allá por las pinzas rojas que los atan y desatan en su alambrería abusadora! A veces se ven el alerce o el canelo igual que Gullieveres mofados de la trepadora que los zarandea por las greñas.
¡Mañosa y linda fuerza la suya! Aunque apenas garabatea al gigantón con su raya, atrapa los ojos y hace olvidar al árbol entero. En cuanto lo divisan el niño o la mujer, ya no miran al tutor sólo al intruso que se balancea en lo alto, medio lámpara, medio joya. Razón que les sobra: únicamente en la orquídea el Dios cincelador hizo más y mejor que en el copihue de Chile.
(Y estas dos parásitas próceres que corren su maratón de campeones florales, coinciden en la gracia de su elegancia y en la desventura de carecer de olor).
El copihue maravilloso y maravillador ha debido creer sus mitos; es seguro que anduvo del Bío.Bío al Bueno en cantos de amor y de guerra que desaparecieron. Cuando el indio pierde la tierra, lo demás se va con ella o se arrastra un tiempo sobre el polvo antes de acabarse.
Los poetas celebran constantemente la escarapela botánica y nacional. El penquista suele decir: “Verdugo Cavada dijo al copihue y Pérez Freire lo hizo cantar”. Así es. El mejor de nuestros músicos populistas puso melodía a los copihues y creó una canción que corre de boca en boca desde la Patagonia a las islas Aleutianas.
Después de la canción afortunada han llovido las honras sobre la enredadera austral; los maestros rebosan lo botánico contándola en su regusto de amor, y predican la flor local en una especie de catequización patriótica. Los lápices infantiles se regodean en su forma, y el copihue se hombrea en los cuadernos de dibujo con la bandera nacional, repitiendo uno de sus colores y hasta en competencia con su estrella.
En poco más llegará a los estudios y los auditoriums de las Universidades a coronar a campeones y togados en los días de solemnidad. Las musas de Lúculo servidas en los banquetes oficiales ya la tienen por sendero o “pasarera” o franja de sus manteles (Tanto como el copihue resulta inhábil para búcaro y ramo, es válido para guirnalda, más que esto, él es la guirnalda natural y por excelencia lograda sin la rosa clavadora y sin jazmín duro de arquearse.
Esta pasión está bien fundada como el buen amor; el copihue tuvo la humorada de nacer y darse sólo allí, en la extremidad chilena, donde el globo terrestre se encoge sobre ella, y antes de acabar se angeliza en helechos, musgos y copihues asustados, con su fuego a las nieves vecinas. (Así asustarían a Magallanes las fogatas del último Estrecho).
Procuré decir mi copihue indio, y decirlo por regalárselo a quien lea, y me doy cuenta al terminar de la inutilidad del empeño. Nadie da en palabras, ni la flor ni la fruta exóticas. Cuando un mexicano me contó en Chile de su mango de oro, yo no recibí contorno ni jugo de la bella drupa, y aprender sólo es recibir, cuando en Puerto Rico me alabaron la pomarosa, tampoco entró por mi boca el bocado oloroso ni crujió entre mis dientes. Es la voluntad de Dios que cada fruta y cada flor sean iniciaciones directas. “Saberlas” quiere decir aspirarlas y morderlas, y como para mi la novedad de cada especie frutal o floral vale tanto como la de un país, y nada menos, digo a quien leyó, que, si desea tener al copihue chileno, vaya a verlo a Cautín, y no lo compre en las estaciones de ferrocarril, sino que llegue hasta el bosque y lo desgaje allí mismo con un tirón ansioso. No vaya a creer que supo algo porque leyó dos páginas acuciosas e inútiles de la contadora que hizo este Recado en vano.
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Mistral gabriela, Recado sobre el copihue, 20 pgs. Ediciones Instante N° 29, director José Elías Bolívar Herrera, Angol 1951?
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